La tarea de entrenamiento se enmarca como una de las principales herramientas del entrenador mediante la que el jugador es capaz de adquirir conocimiento del juego. En otras palabras, un contexto ideal para poner en práctica los principios, y derivados, de nuestro modelo de juego. Las reglas de provocación son un arma para potenciar este aprendizaje, sí, pero mediante un uso acertado de las mismas.

Como entrenadores, caemos en la trampa de querer tener todo absolutamente cerrado. Imaginamos sobre la pizarra una serie de movimientos para el fin de semana y marcamos una reglas que constriñan, que obliguen al juego a tomar ese camino. En ocasiones, las tareas parecen cortocircuitarse. Incluso, los jugadores resuelven las jugadas con soluciones que, a veces, son incluso mejores que las que imaginamos en casa. Pero se cortan. “¡Para, para!”.    

En este sentido, hay que aceptar y debemos convivir con la espontaneidad del juego. Desde ahí, tratar de encontrar reglas de provocación que faciliten la aparición de esas situaciones imaginadas, pero que aceptemos otras soluciones, que nos alejemos de la discontinuidad. El jugador tiene que encontrar y reconocer esos posibles caminos y, en ese instante, premiar emotivamente como entrenadores, además de la propia recompensa que ofrezca por sí sola la tarea.

Como conclusión, tenemos que convertir al jugador en un ser autónomo capaz de interpretar el juego. Que dé soluciones que parecen inconscientes por su rapidez pero en las que está el recuerdo de ya haberlas vivenciado. De manera parecida, claro, no hay dos jugadas iguales. Entonces, nuestra regla de provocación en la tarea de entrenamiento habrá tenido mucho sentido. 

Por Salva Romero

No comment yet, add your voice below!


Add a Comment

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *